Historia de las Razas

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Historia de las Razas

Mensaje por Amlerisa el Lun Ago 31, 2009 12:59 pm

La brisa mecía fuertemente los cabellos y ligeras ropas de Amlerisa, para cualquier persona aquella fuerte brisa seria molesta, pero no para ella. Camino un par de pasos hasta que sus pies tocaron las frías aguas del lado Vileria, situado en el centro de una alta cordillera montañosa. Tan solo una pequeña ciudad vivía en aquel lugar azotado constantemente por vientos fríos que hacia muy dura la vida. Pero aquello no le importaba a la joven diosa.
Avanzo un par de pasos mas decidida sin importarle el agua fría pues ella camino por encima del agua, formando pequeñas ondas en cada paso que daba, se dirigía al centro mismo del lago donde en un pequeño montículo crecía un árbol de largas ramas caídas y hojas de color plateado. El árbol de Kai. Allí era el único lugar donde crecía aquel extraño árbol, pues ella así lo había querido. Un árbol cuyo fruto solo comería ella. Y al fin llego acaricio la corteza rugosa del árbol y arranco con cuidado uno de sus frutos, del tamaño de una manzana y de color azul plateado. Lo sostuvo entre ambas manos y pego un mordisco a aquella extraña fruta de sabor dulce y amargo. Saboreo aquel manjar que solo ella podía degustar mientras se sentaba entre las raíces del árbol y contemplaba el horizonte.
Desde allí podía apreciar la pequeña ciudad de Magmia, con sus cúpulas azules y sus casas blancas.
Y cerro los ojos.
Recordando...

Recordando cuando creo aquel pequeño mundo. Como poco a poco el poder de creación que poseía creaba el mundo con sus tres lunas y un hermoso sol de brillo anaranjado. Como poco a poco creo el gran continente y las pequeñas islas que afloraban por todo el océano de Solmen. Como poco después creo la flora y más tarde la fauna desde los pequeños insectos a los dragones, serpientes marinas... Y como ya al final creo las 6 grandes razas que convivían allí.
Primero la Raza de la Tierra, que alojo en los Bosques de Lasphelia, de rasgos exóticos, oscura piel que rozaba los colores marrones y rojos, de hermosas marcas en espiral que cubrían sus cuerpos, de cabellos claros y ojos amarillos. Doto sus espaldas de alas muy parecidas a las de las libélulas mas con ellas no podrían volar. Les dio la magia de la creación y por ello guardaron un lugar especial en su corazón.
Recordó como eran ahora sus ciudades, y como eran aquella primera raza. Ciudades creadas a partir de árboles modificados al crecer que hacían de cada una de las ciudades un laberinto de ramas y raíces. Sus habitantes, de ropa ligera y adornada con flores y cualquier objeto decorativo que les proporcionara la naturaleza, de carácter vivo y solidario.

Y tan bien recordó a la Raza del Agua. Aquellos que Vivian en las islas de Kitania las mas alejadas del Continente de Aren. Ellos eran de piel casi escamosa lo que dotaba sus cuerpos de un ligero tono azulado, de cabellos y ojos verdes como las algas o azules como el mar donde podían pasar largas temporadas pues sus cuerpos estaban adaptados para la vida en sus profundidades, sus pies palmeados que con los que recorrían grandes distancias a nado, una pequeña aleta dorsal en la espalda para poder guiarse y branquias con las que poder respirar. A ellos les concedió el poder de trasformar el liquido en sólido y viceversa pues pensó que lo usarían sabiamente.
En su mente vio sus ciudades portuarias de grandes casas blancas de techos en forma de cúpula recubiertos de zafiros que brillaban cuando el sol incidía sobre ellos. Sus ropas perfeccionadas con el tiempo les eran cómodas tanto en tierra como en el agua y su carácter juguetón, inquieto y curioso. Recordó como siempre que la veían se fijaban en sus tatuajes rozados y en sus extraños ojos.

Mordió de nuevo el fruto del árbol Kai. Y fijo su vista en un pequeño barco que faenaba en el lago. Sabia que no podría llegar hasta allí por la fuerte corriente que rodeaba el montículo y sonrió dejando de nuevo que aquellos cálidos recuerdos inundaran la mente.

Recordó por que creo la Raza del Aire. A quien otorgo los terrenos del sur de Aren. Y a la que doto de alas con las que poder surcar el cielo, pero no a todos pues creía que aquel derecho tenia que ser tan solo de unos pocos. Ellos fueron de piel tostada y de cabellos tan diferentes unos de otros como el día de la noche, al igual que sus ojos. Sus cuerpos ligeros con aquellas alas del color de su cabello al igual que el pequeño mostacho de pelo que crecía al final del rabito que crecía al alargarse su columna dorsal y que a aquellos que tenia el don del vuelo les servia de timón con el que maniobrar. Su don fue el de provocar fuertes ráfagas, pues pensó que les ayudaría en su vuelo. Gracias a este don todos ellos pueden volar aunque sea un par de metros.
Y entonces se fueron formando imágenes en su mente de las ciudades, casas de madera nunca muy grandes ni muy esplendorosas pero siempre cómodas que podían crear casi en cualquier lugar. Sus ropas nunca fueron como las de otras razas ligeras o resistentes tan solo cómodas para ellos, sin importar como fuesen. De carácter libre como cualquier amante del vuelo.

Por el rostro de la diosa se cruzo la sombra de la tristeza, aquella raza era la que en aquellos momentos peor lo estaba pasando... el rojo de la sangre lleno su cabeza y las lagrimas recorrieron su rostro. Aun tenia presente el horror de la ultima batalla. Negó fuertemente con la cabeza intentando quitarse aquellos pensamientos de encima, pues aquel era su lugar y no quería mancharlo con aquellas visiones.

Así que se concentro en recordar a la Raza de la Noche. A los que regalo el calor de las montañas del norte, las montañas y volcanes de Ithamel y Ureis. Sus pieles grises resistente al calor de la lava, de oscuros ojos y fuertes garras que facilitaban su vida en las profundidades de la montaña. Las marcas oscuras de su piel les hacia aun más extraños pero no así desagradables. Así les creo con el don de robar la luz pues en su mundo de semi oscuridad quien la necesitaba.
Recordó como eran sus grandísimas ciudades de talladas directamente en la piedra, llenas de pequeños detalles y de los farolillos que iluminaban todo el lugar con una mortecina luz blanca. Recordó también lo hábiles que eran manejando todo aquellos que les proporcionaba la montaña, el oro, el carbón, las gemas y piedras preciosas con las que además de decorar sus ciudades usaban para la creación de armas, convirtiéndose en los mejores en la fabricación de armas y otros objetos, destacando así sobre las demás razas. Sus ropas siempre de colores oscuras y su carácter tímido y reservado sobretodo en lo que respectaba a todo aquello que estuviese fuera de la montaña. Provocaba que las demás razas no les mirasen con buenos ojos y varias guerras habían reducido considerablemente a la raza hace años.

Esta vez si pudo sonreír pues aquella raza ya se había recuperado de las viejas guerras y ahora ya no la veían como antaño.

Y recordó a los humanos, tan simples ellos como lo era el mundo donde Vivian. Pese a ello reinaban por encima de todas las razas. Pues a las demás nunca les importo. Se les concedieron los ricos terrenos del centro de Aren donde prosperaban las grades ciudades y por supuesto la Ciudad Capital Aindra. Donde sé herejía el mayor y más bello castillo jamás construido y donde había reinado sabiamente cada uno de los reyes que pasaron por el trono durante los 238 años que pasaron desde que Arequendar fue creado. Al ser tan débiles en comparación con las otras razas les creo la magia. Logrando que entre ellos se encontrasen los mejores magos de todo el planeta.

Y aquellas razas fueron las que poblaron su mundo los primeros años de vida de este. Mas en el afán creador que movía cada movimiento de la diosa creo una ultima raza. La de los Dragones.
Pues como ellos fueron los últimos no tenia lugar en ninguna zona de Arequendar por lo que libres y solitarios los podías encontrar en cualquier lugar del continente o las islas. Sus fuertes cuerpos parcialmente escamados los hacia resistentes a las armas, sus alas membranosas capaces de largas jornadas de vuelo, largas colas que al igual que la Raza del Viento usaban como timón y unos grandes cuernos que coronaban sus cabezas al iguales que sus hermanos mayores los dragones normales. Los creo diferentes entre sí dando lugar a dos sub-razas los Dragones Azules también llamados los del Clan Azune y los Dragones Rojos o Clan Rockren. Se les dio el don del fuego, al que pueden crear y dar forma.
Nunca intentaron crear ciudades donde vivir los pocos que eran así que la diosa no se imaginaba como podían ser al igual que su estilo de ropa pues cada Dragón tenia un gusto y una ropa totalmente diferente a la de otro, incluso entre los clanes. Les doto también de una larga vida pero se les negó el poder de la magia. Mas ahora... pese a que ya eran poco solo quedaban 5 pues se les había cazado como a sus hermanos mayores...

Y todo por culpa de Mauros... la cara de la diosa se crispo por un momento para luego ensombrecerse... pues pese al odio que tenia hacia su hermano, no podía hacer nada.

Ya hacia diez años de aquello. Cuando Padre descubrió que Amlerisa la única de sus hijas con el poder de la creación había creado un mundo lleno de vida. Pese a que había intentado esconder su pequeño mundo de las manos de Padre y sus hermanos. Uno de ellos había logrado encontrarlo. Ese era Mauros. Y nada mas llegar haciéndose pasar por un simple humano asesino al rey de los humanos y ocupo su lugar en el trono, reinando con la tiranía y la maldad de la que solo era capaz un dios del Caos.

Amlerisa miro al cielo observando una pareja de águilas trazar círculos. Y suspiro. Termino de comer el fruto del árbol de Kai y se marcho de aquel montículo.
Sabia que dos de las razas iban a intentar derrocar al ejercito de Sombras de Mauros. Y pese a saber el resultado de aquella batalla quería verla.
Pues aquel era su mundo y aunque no pudiese formar parte de su historia si quería ser una observadora de ella. Por muy crueles que fuesen aquellas batallas. Por muchas vidas que se perdieran.


Quería ver lo que pasaba en su pequeño mundo de las tres lunas.


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Aaarrrggggg *corre en circulos* ¬¬ que nadie tome en cuenta los errores tanto en gramatica como ortograficos *se ostia contra algo*
Espero que esto os de un poco mas de informacion acerca de Arequendar y las razas asi como del papel de Amlerisa en todo ello.
*se tira por otro puente* D:
asdasdad =_= mal escrito, feo D:

Cualquier pregunta sobre esto la podeis escribir directamente en este tema.
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